Las ciudades, como los sueños, están construidas de deseos y de miedos.” 
Italo Calvino


Imágenes furtivas, fetichistas, pervertidas, despreciables sobre las que resbalar la mirada para no sentirse identificado hasta descubrir que no son lo que parecen y entonces se legitima recrearse, dejar volar la mente con pensamientos más obscenos que los censurados. La doble moral, el motor del mercado. La mercadotecnia, obscena en su esencia, envuelve en deseo la ciudad más puritana.
 
En este trabajo el proceso de creación es tan importante como la obra terminada. El fotógrafo, convertido en Voyeur, camufla sus cámaras (estenopeicas) en cajetillas de tabaco y de manera furtiva las distribuye por la ciudad para captar imágenes obscenas.
 
Los modelos son maniquís, la iluminación la del escaparate y la exposición de 2.30 horas. Para evitar que los curiosos retiren las cámaras es necesario ser muy discreto, como un buen Voyeur.

 
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